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Bandas insurgentes, la verdadera amenaza de Santa Marta

De la Sierra Nevada sus territorios heredan la riqueza ecosistémica, la ancestralidad y la música, pero con estas dos constantes también hemos heredado la lucha incansable del Almirante Padilla.

Turismo y narcotráfico parecen dos constantes en la ecuación social y económica de la Sierra Nevada de Santa Marta. Aunque ahora ya no es el contrabando.

Hace 20 años en Santa Marta se escuchaban expresiones comunes como: “Llegaron los del F2, o llegaron los manes del patrón y se los llevaron”, “Con esos no se metan, son del patrón”, “Esta es la gente que nos cuida”, “Los duro, los capos, lo que contralan la zona”, “Te mando a los de la mochila”, “Lo mataron la gente de los Rojas, o los Padilla, o los Giraldo”, “No salgan a tal hora que están matando o desaparecieron a tal persona”, “Hay toque de queda de los paracos”, “yo vivo en Villaparaco”, pobre estigma a un barrio.

Otras cosas de las que se escuchaban en la ciudad eran los comentarios de jóvenes como: “Yo quiero ser como ellos”, “Yo soy paraco”, soy la novia de un Para, en fin tantas cosas sociales y del mundo popular, propio de nuestros barrios, solo con el fin de denotar poder entre las demás personas del barrio y porque no, ganarse unos mal habido centavos llenos de sangre, del dolor de familias que son nuestros vecinos por la venta de droga o por ser custodios de criminales.

Con la presencia de estos grupos paramilitares en la Ciudad, este tipo de acciones y expresiones eran el pan de cada día: asesinatos, golpes a personas por ajustar cuenta o por demostrar poder, lanzamiento de granadas, enfrentamientos en Bonda, Minca, Guachaca y otros Barrios urbanos. Nos tenían cautivos en nuestra propia ciudad. En consecuencia, estuvimos por años dentro del ranking mundial de las ciudades más peligrosas. Quien en esa época no tuvo una experiencia con estas personas, por chocar un auto, por vender un lote, por vender un producto o servicio, por tener un problema con un amigo, de un familiar de otro familiar porque para ganarse peleas y resolverlas a plomo eran buenos.

Tuve en mi juventud tres experiencias con estos grupos, una la viví un día con 16 años en unas fiestas del Mar cuándo un grupo de seguridad de estos paramilitares del centro histórico nos retuvo porque les dio la gana, nos llevaron hasta la zona rosa y nos golpearon por todo el camino, solo porque les pareció.

Días después, eso se convirtió en un anecdotario para risa, pero en ese momento la agudeza de nuestra supervivencia estaba al limité, había armas y si no es por una trabajadora sexual y un policía que encara a los 4 paramilitares tal vez no contará está historia. Posiblemente nos hubiesen legalizado en cualquier casa de la zona, ya en la ciudad varios muchachos eran presentados como bajas en la sierra, hoy no conocemos los falsos positivos de la Sierra Nevada, y que ojalá de ello se hable.
(Ver:https://verdadabierta.com/paras-han-confesado-mas-de-cien-casos-de-falsos-positivos/, https://asuntosdelsur.org/la-mano-negra-en-colombia-falsos-positivos-ii-minca-sierra-nevada-de-santa-marta/, https://asuntosdelsur.org/falsos-positivos-iii-sierra-nevada-de-santa-marta-colombia/, https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4773328)

Hoy 18 años después del suceso que tuve ya no son paramilitares, las connotaciones han cambiado por Bacrim, Grupos armados organizados ilegales, o al margen de la ley u residual.

El escenario no se reduce, sino que cambia de rostro, sí; hemos vivido 20 años viendo el rostro cambiante del crimen organizado en la Ciudad, otros intelectuales los denominan bandas criminales de tercera generación, sea cual sea el nombre, siempre están a un paso delante de la Ley y, algunos por encima de la justicia.

El tema es que cuándo los rostros cambian por cualquier efecto, el politizar los logros, no entender el fenómeno, no tener un equipo institucional competente, no poseer la corresponsabilidad ciudadana y gremial, una política social y económica de largo aliento, una presencia institucional, además de subestimar al adversario, le hacemos un flaco favor a la seguridad y bienestar de las generaciones Samarias.

Hace 8 años, el equipo de seguridad ciudadana de la Alcaldía de Santa Marta visiono lo que debía ser, mayor presencia institucional y hombres, una política de intervención, un cambio interinstitucional, un observatorio, una secretaria, un plan maestro de infraestructura, logística y tecnología policial, pero ante todo se tenía un Alcalde comprometido, una Policía con una misión, y una autoridad pública en cooperación con los objetivos, pero nos faltaba algo; Ganarnos la cooperación del ciudadano, romper con el miedo, conocer el escenario de las organizaciones criminales y si, depurar las instituciones, actualizar los carteles de los más buscados, ampliar la oferta de las instituciones para intervenir los barrios, los microterritorios, y más acceso comunitario a la justicia.

Todas estas eran una batería de acciones y estrategias que dieron un resultado pronto, al menos de un año, ya no estábamos en el ranking mundial, creímos que los vencimos. Pero la verdad solo ayudamos a cambiar la cara. Teníamos a otro Tite Socarras contrabandeando.

Hoy con los avances sociales, tecnológicos, institucionales, exsecretarios de seguridad y un nuevo Alcalde, no podemos olvidar 2 cosas; que somos un corredor estratégico, que no estamos alejados del efecto narcotraficante nacional, y que somos una sociedad que hay que seguir construyendo para que no pueda adoptar nuevamente a estos esquemas narcotraficantes de resolución de conflictos sociales.
No pierdas el hilo lector. Acuérdate que antes te comenté que había gente que quería ser paramilitar, algo sencillo, tenías que señalar, matar, guardar armas, drogas, ayudar a asesinos, andar en motos, trabajar con agentes del estado para que hicieran falso positivos, y si ver morir a tus propios vecinos y familiares en manos de estos sanguinarios.

En nuestra ciudad hay barrios vulnerables que pueden contar a sus centenares de desaparecidos y asesinados. Y de lo otro que no te puedes perder lector, es que estos andan a un paso de la ley, hasta el punto haberlos subestimados.
El tema central es que estás organizaciones han aprendido de los 50 años de lucha guerrillera y 30 paramilitar, de los negocios con carteles internacionales aprenden sobre tecnología, tetras, exterminio, control social, territorial y operativo. La verdad es que tienen el manual aprendido de la insurgencia, han combinado todo, guerra de guerrilla, pandillismo, terrorismo, asistencia social, activismo político, relaciones institucionales.

Nos conocen como sociedad, y lo peor es que nosotros somo víctimas de este síntoma, algo denominado el síndrome de Estocolmo donde le hemos ganado un amor a nuestro opresor.

En este momento viene lo bueno del artículo. Están usando la estrategia de terror para luego convertirse en el defensor. Y parece que les está sirviendo.

Veo en redes sociales personas defendiendo que acaben con rateros, malandros, drogadictos, gays, exguerrilleros. Todo como sucedió hace 20 años atrás, como si nosotros no tuviéramos nuestro manual con buenos resultados, el cual también se debe apropiar y aprender. No tenemos que volver a la “paracosolución”, y con ello se debe construir una agenda social, sectorial e institucional para liberarnos del opresor y del amor a él. Somos ovejas cuidadas por lobos en su madriguera. No se han ido, las caras cambian porque les permitimos el mismo escenario. Y todo, porque las autoridades no ponen de manifiesto el control territorial de la cocina más grande del caribe en cocaína y marihuana que es la Sierra Nevada de Santa Marta.

Se debe hoy convocar y realizar un gran esfuerzo entre los 3 departamentos que rodean la Sierra y con el gobierno nacional, implementar lo que sería un ejemplo internacional y nacional de que podemos combatir estas insurgencias criminales con todo el manual adquirido en Santa Marta, incluyendo herramientas del proceso de paz.

Los organismos de seguridad del estado deben tener mayor compromiso con la región, con la Ciudad, nuestro alcalde saliente y la electa deben tener mayor agudeza para comprender el fenómeno. Los equipos de la gobernación del Magdalena, Cesar y La Guajira deben saber que los logros solo son caminos, pero que debemos construir el mapa, el mapa para superar este flagelo narcosocial. Que la amenaza siempre será un virus que duerme esperando una oportunidad para acoger un cuerpo social o territorial, y que lo que debemos es seguir construyendo nuestro manual, el que ha dado resultado con gente competente, capaz e instituciones comprometidas que permitan la evolución y eficacia de las herramientas para combatir a estas insurgencias delincuenciales y llegar a cada rincón de la Sierra Nevada con soluciones confiables.

La Sierra una región multiétnica y económicamente diversa no puede quedarle grande a estos próximos gobernadores y alcaldes en la gestión de la seguridad ciudadana.

Quiero aprovechar para rechazar los asesinatos de Natalia, amiga y una de las primeras personas que ayudo con el plan integral de seguridad ciudadana de Santa Marta en el 2012 y 2013, con actividades ambientales en bello horizonte y pleno mar. Rechazar el asesinato del joven encontrado con un cartel en su cuerpo, y de las amenazas en el Magdalena, Cesar y La Guajira a líderes sociales. No estamos para seguir apoyando este tipo de acciones, si queremos una mejor sociedad debemos estar a la altura de construirla y de transformar los parámetros que nos lleven a ella. Más no, ir llamando a viejos fantasmas que toman cuerpos para luego condicionarnos como debemos vivir la vida en los territorios que nos pertenecen.

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Cesar Barros

Ingeniero Industrial – Universidad del Magdalena (Colombia) Especialista En Economía Urbana - Universidad Externado de Colombia (Colombia) Magister en Desarrollo Económico y Territorial – Universidad de Cádiz (España)
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